Una paz que nos convoca a cada uno por su nombre:: Segundo Diálogo Nacional por la Paz

 

Más de mil personas provenientes de distintos estados del país se congregaron este viernes en el ITESO para el inicio del Segundo Diálogo Nacional por la Paz. Lo más significativo del encuentro fue la presencia de las madres buscadoras, quienes, junto a víctimas, organizaciones civiles, académicos, periodistas, universitarios, empresarios, iglesias y colectivos ciudadanos, dejaron claro un mensaje: la pacificación de México sólo será posible con la participación de todos los sectores.

El auditorio Pedro Arrupe, SJ, se convirtió en un espacio simbólico de memoria y esperanza. La jornada inaugural comenzó con un video en el que se  encendían velas en la oscuridad, una metáfora de una generación que rechaza el miedo como forma de vida. «Hay silencios que pesan más que las palabras», decía la voz en off, evocando el dolor que durante años ha marcado a miles de familias mexicanas.

Una de las presencias más significativas del encuentro fue la de las madres buscadoras, quienes desde hace años sostienen una lucha incansable contra el olvido y la impunidad. Su participación recordó que la paz no puede construirse sin verdad, justicia y memoria. Ellas, junto con otros colectivos de víctimas, han convertido el dolor en resistencia organizada, exigiendo que cada desaparecido tenga nombre y cada familia, respuestas.

El encuentro reunió también a académicos que aportaron análisis sobre las causas estructurales de la violencia, periodistas que documentan la crisis desde los territorios, empresarios comprometidos con la construcción de economías de paz, y organizaciones civiles que impulsan alternativas desde las comunidades. Esta diversidad de actores evidencia que el movimiento por la paz en México trasciende sectores y visiones, configurándose como un esfuerzo colectivo que busca alternativas concretas frente a una crisis prolongada de violencias.

El Diálogo Nacional por la Paz surgió en 2022 tras el asesinato de los jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, junto con el guía de turistas Pedro Palma, en Cerocahui, Chihuahua. Desde entonces, el movimiento ha impulsado foros regionales, una Agenda Nacional de Paz y metodologías replicables para reconstruir el tejido social desde los territorios.

El cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, retomó el símbolo de las velas encendidas por jóvenes para señalar que, mientras algunos buscan apagar la paz con guerra y violencia, este encuentro pretende sembrar esperanza concreta. «La paz es una tarea, un trabajo que estamos llamados a construir juntos con acciones puntuales», expresó.

Por su parte, el secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Monseñor Héctor Mario Pérez, reconoció el cansancio y el miedo que atraviesan a la sociedad, pero insistió: «La paz es una responsabilidad que nos exige a todos, que nos implica a todos».

El provincial de la Compañía de Jesús en México, Luis Gerardo Moro Madrid, SJ, afirmó que este encuentro no es sólo una reunión de tres días, sino un compromiso de largo aliento. «La paz no se decreta, se construye; no se hereda, se trabaja día a día. México no está condenado a la violencia», sostuvo.

Jorge Atilano González Candia, SJ, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, presentó un balance del camino recorrido: equipos estatales en 26 entidades, metodologías sectoriales, propuestas de políticas públicas y acciones que van «de Tijuana hasta Mérida». «Somos un movimiento social que construye puentes entre actores para generar condiciones de paz», señaló.

Al dar la bienvenida a las y los asistentes, el rector del ITESO, Alexander Zatyrka, SJ, subrayó la obligación ética de la universidad de acompañar a las víctimas. «La educación no puede estar desvinculada del sufrimiento de las familias. La excelencia académica no tiene sentido si da la espalda al dolor», afirmó, llamando a convertir la paz en una práctica cotidiana y no en un concepto abstracto.

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